miércoles, 4 de noviembre de 2026

Sobrevivencia

Hubo momentos obscuros, hoy lo sé, sé que el dolor estuvo presente y la ansiedad se apodero de mi ser, sé que el miedo me abrazaba con todas sus fuerzas y la tristeza me saluda cada amanecer, sé que la ausencia me marco en lo más profundo y que la melancolía y yo hablábamos cada tarde hasta caer rendido ante el cansancio.

Hubo tiempos en que hasta las mejores intenciones estorbaban, los buenos sentimientos agobiaban, las palabras aturdían y la compañía llenaba un espacio que yo quería mantener vacío, era difícil explicar el sentir, entender el propio dolor, saber que hacer y cómo actuar, menos aún saber que pensar.

Aun así, heme aquí, con las heridas cerradas, las cicatrices presentes como recordatorio de los sanado, y ya no como dolor recurrente, algunos días sonriendo y otros un poco menos, pero todos los días llenos de vida y gratitud, valorando la familia, la amistad, el amor, las sonrisas y el gigante universo de las pequeñas cosas, pasó el tiempo, pasó la vida, estoy en paz.

Y podría inventar una historia, una epopeya de superación, pasión, fortaleza, esperanza y crecimiento, de victoria ante la adversidad y miedos derrotados, de momentos idílicos, de heroísmo y valentía sin igual, pero la verdad es muy distinta, es una más mundana, una más sencilla, más simple.

Aquí no hubo un corazón heroico, tampoco una mente estratégica y un alma valiente, aquí lo que hubo fue instinto de sobrevivencia, aquí lo que hubo fue una lenta cadencia de dar un paso más, sin saber porque, sin saber para que, sin siquiera entender por quién, solo había una meta, un día más, un paso más, un logro más.

Lo que hubo, y aun hay, fueron ángeles, pero no crean ustedes que esos de los cuentos y las películas, fueron de carne y hueso, algunos aun siguen por aquí, otros partieron y se adelantaron, han tenido diferentes nombres, se han llamado familia (no todos… tampoco vamos a exagerar), se llamaron amigos (y algunos se volvieron hermanos), se llamaron mentores y consejeros, fueron almas desinteresadas que, casi siempre sin saberlo, fueron un salvavidas en los momentos de obscuridad, allí si hubo héroes, allí si hubo valientes, allí si hubo sabios que acompañaron mis pasos.

Hoy me veo y me sonrío, la vida es hermosa, mas no perfecta, no nos engañemos, pero es hermosa, llegue aquí y eso es bastante, no sé hasta donde llegaré, sea hasta donde sea, seguro disfrutare el viaje, nos e el fin, pero puedo decidir cada día, y entre momentos y dolores, nadie puede quitarme la decisión de como enfrentarme a cada día.

Si estas pasando por momentos obscuros, no tengo una receta para ti, pero te puedo contar lo que me ayudo a mí, un día a la vez, un paso a la vez, aunque algunas veces no veamos el camino ni sepamos a donde vamos, el tiempo dibujara el camino, mostrara el sendero, cuida tus pasos, siempre dejamos huellas en el camino que andamos, deja unas tan bellas, que, si la vida te invita a regresar algún camino andado, encuentre hermosos pasos.  Cuando las fuerzas mengüen, descansa, cuando la tristeza llegue déjala fluir, abraza los momentos, respira profundo, poco a poco iras sanando cada herida, cada dolor, cada recuerdo y cada ausencia.

Y si en tu andar encuentras un alma triste, una mente cansada o un corazón herido, y tus circunstancias lo permiten, acompaña sus pasos, escucha sus palabras, abraza su alma, se ese ángel que tu necesitaste en algún momento de tu camino.

Como dice el dicho, “en este mundo lo que habemos son un montón de rotos y descocidos”, y algunos nos estamos remendando a nosotros mismos con mucho amor, respetemos el proceso de cada uno, vivamos nuestro camino, pidamos porque cuando llegue el ultimo parpadeo podamos sonreírle a la ultima luz que veamos y partamos satisfechos y agradecidos con la vida que nos tocó vivir.

Caminemos sin prisa, dejemos huellas hermosas, toquemos corazones en nuestro camino, hagamos que esta vida valga.





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