martes, 23 de enero de 2018

Muerte de un momento.

Se fue despacio, silencioso, sin ser visto ni extrañado, sin pena ni gloria, sin dejar marca dolorosa, sin hurgar en heridas ni intentar lastimar en lo profundo, se fue resignado, sabiéndose diferente, sabiéndose indiferente, sabiendo que su momento había pasado, entendiendo que ahora era solo un pedazo de memoria y no un sentimiento incompleto, se fue sabiendo que ya no dolía, que ya no marcaba, que ya no era el dolor de un de un ayer que se extrañaba y se había convertido en un recuerdo inocuo, indoloro, hasta bonito, de un pasado lejano, de un momento distante, de un sentir inexistente.


Nació siendo intenso, vivió en melancolía, envejeció en la nostalgia y se despidió en paz y anonimato.


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